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9. Religión

La principal característica que define la vida religiosa en Japón es la coexistencia de una religión autóctona, el Shintoísmo, y una extranjera, el Budismo.
La mayoría de los japoneses visitan los santuarios Shintoístas y los templos budistas en sus celebraciones anuales, como en el Año Nuevo para despedir el año viejo y dar la bienvenida al año nuevo, o en verano para visitar a las tumbas familiares, también en los rituales especiales que marcan el paso del ciclo de vida, como en los nacimientos, ceremonias nupciales y funerales, entre otros.

Shintoísmo


Con la introducción del cultivo de arroz durante el período Yayoi (300 A. C.-300 D.C.), comenzaron a desarrollarse los rituales agrícolas y los festivales que dieron origen al Shintoísmo. El culto de aquellos tiempos era ampliamente animista y consistía en la adoración de la naturaleza y, durante el período del Túmulo (finales del siglo III a principios del siglo VIII), se fue transformando gradualmente en el culto a las deidades ancestrales.

Con la llegada de las doctrinas budistas altamente estructuradas, en el siglo VI, las creencias nativas empezaron a ser sistematizadas por el Shintoísmo y ambas religiones empezaron a interactuar. El ejemplo más característico de esta interacción es la teoría en la cual las deidades Shintoístas eran vistas como encarnación de las deidades budistas.

El deseo de darle legitimidad al linaje imperial condujo, en el siglo VIII, a la compilación de dos libros sobre la historia del Japón según los cuales el legendario primer emperador del Japón es el tataranieto de la Diosa del Sol quien encabeza las deidades que residen en la Alta Planicie Celeste. Esta creencia fue nuevamente enfatizada por el gobierno del período Meiji (1868-1912), y así el Shintoísmo se convirtió en la religión nacional hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

A diferencia de otras religiones, la ausencia de escrituras sagradas oficiales en el Shintoísmo refleja la falta de preceptos morales de la religión. Sin embargo, el Shintoísmo destaca la purificación a través de los rituales, y sigue reflejando la percepción del pueblo japonés que aprecia la divinidad en los fenómenos naturales y todos los aspectos de la vida.

Budismo

El Budismo, originado en India alrededor del siglo V a.C., llegó a Japón proveniente de China y luego de Corea a mediados del siglo VI. Con el patrocinio imperial, se diseminó rápidamente en la clase alta. Mientras se construían numerosos templos y estatuas budistas, la coexistencia del Budismo y el Shintoísmo continuó. Las sectas budistas predominantes de aquellos tiempos eran esencialmente académicas con poca influencia en la población. Luego, a finales del período Heian (794-1185), se difundieron entre la clase plebeya las sectas budistas populares cuyas doctrinas les enseñaban que se lograba la salvación simplemente recitando el nombre de Buda.

A principio del período Kamakura (1185-1333), la escuela del Budismo Zen fue transmitida de China y aceptada entre la elite guerrera japonesa en virtud de su carácter directo y del énfasis en la autodisciplina y meditación. La práctica zen consistía en la meditación sentada y en mensajes expresados con parábolas como medios para lograr la iluminación.

En el período Edo (1600-1868) los templos budistas fueron utilizados por el gobierno como agencias de registro nacional y el Budismo empezaba a perder su vitalidad.

A principios del período Meiji (1868-1912), con la separación oficial del Budismo y el Shintoísmo, fusionados por mucho tiempo, el Budismo se debilita aún más cuando el gobierno adopta al Shintoísmo como religión nacional. Como respuesta a este hecho y debido al cambiante entorno social del siglo XX, el Budismo se vio obligado a buscar un nuevo papel en el Japón moderno.

Cristianismo

El cristianismo se introdujo al Japón por el misionero Francisco Javier en 1549. Las actividades de los misioneros jesuitas estuvieron centradas en Kyushu, la isla más al sur de las cuatro islas principales. Seis feudales regionales llegaron a convertirse al cristianismo hacia 1579 y el número de creyentes alcanzó a más de 300.000 hacia 1600.

Pero más tarde hacia fines del s. XVI, el cristianismo es sospechado de ser una mala influencia para el país y sus fieles son perseguidos y prohibidos por el gobierno. Alrededor de 3.000 fueron ejecutados, otros tantos renunciaron a su fe y más de 30.000 mantuvieron su culto en la clandestinidad durante más de 200 años. Hasta que a finales del siglo XIX Japón es forzado por las potencias occidentales a terminar su aislamiento y tolerar el cristianismo.

Hoy en día, la Constitución del Japón garantiza la libertad de culto, pero a pesar de esta libertad, de la popularidad de las bodas cristianas y de la familiaridad que ganó esta nueva religión, el número de creyentes no se ha incrementado demasiado (3,170,000 creyentes, 2.5 % de la población; en 1996). El cristianismo como religión es, de alguna manera, ajeno para muchos japoneses. Tal vez sea porque el énfasis en la fe exclusiva a un solo dios cristiano requiere un fuerte compromiso para rechazar el politeísmo más relajado del Shintoísmo y el Budismo japoneses.

10. Arte

Pintura

El arte japonés surge de la asimilación de ideas y conocimientos de otras culturas. Una vez adoptados, crea una expresión autóctona y genuina. En sus orígenes y por muchos años, se ha inspirado en los estilos de China, algunos de los cuales llegaron previo paso por Corea. Actualmente es notable ya la influencia del arte occidental.
 
Las primeras expresiones artísticas fueron las figuras simples, en forma de varas, dibujadas en los dotaku -campanas del período Yayoi (aprox. 300 a.C. a 300 d.C.)- y los murales que adornaban las paredes interiores de las tumbas en el período Kofun (aprox. 300 d.C. a 710 d.C.).
El auge de la pintura comienza con el apoyo de la clase gobernante a la introducción del budismo y su cultura. El budismo llega desde China y Corea, en el siglo VI. Se crean templos en varias localidades de todo Japón con importantes murales, esculturas de budas y deidades guardianas en los pasillos y capillas. Los templos más representativos son el Templo Asukadera, el Templo Shitennoji y el Templo Horyuji.

La Pintura Yamato-e y los pergaminos E-maki

En el período Heian (794-1185) surgen la pintura yamato-e y el e-maki, ambas son nuevas formas autóctonas del Japón y reflejan el mundo artístico de la cultura aristocrática gobernante. En este período los cortesanos disponían de tal bienestar material que los desligaba de los problemas terrenales y podían pasar gran parte de su tiempo apreciando el arte, la poesía y la belleza de la naturaleza. De aquí surgen los primeros símbolos y representaciones propias del arte japonés.
El arte japonés surge de la asimilación de ideas y conocimientos de otras culturas. Una vez adoptados, crea una expresión autóctona y genuina. En sus orígenes y por muchos años, se ha inspirado en los estilos de China, algunos de los cuales llegaron previo paso por Corea. Actualmente es notable ya la influencia del arte occidental.
 
Las primeras expresiones artísticas fueron las figuras simples, en forma de varas, dibujadas en los dotaku -campanas del período Yayoi (aprox. 300 a.C. a 300 d.C.)- y los murales que adornaban las paredes interiores de las tumbas en el período Kofun (aprox. 300 d.C. a 710 d.C.).
El auge de la pintura comienza con el apoyo de la clase gobernante a la introducción del budismo y su cultura. El budismo llega desde China y Corea, en el siglo VI. Se crean templos en varias localidades de todo Japón con importantes murales, esculturas de budas y deidades guardianas en los pasillos y capillas. Los templos más representativos son el Templo Asukadera, el Templo Shitennoji y el Templo Horyuji.



Genji Monogatari Emaki - Museo Nacional de Tokyo
( Fuente de imagen: http://web-japan.org/museum/emaki/emaki02/emaki021.html )

La pintura yamato-e sustituye a la típica pintura China y muestra un mundo estético de refinamiento y claramente japonés. Se caracteriza por su atractivo emocional y gran color. Los temas elegidos eran los alrededores de Kyoto. Estas obras adornaban mamparas corredizas y biombos en los palacios.

Los e-maki son pergaminos que combinan texto con ilustraciones (pinturas yamato-e). Es aquí donde surge el nuevo silabario propio japonés kana. Esta nueva forma de escritura parecía expresar mejor los sentimientos y percepciones del refinamiento japonés. Los temas preferidos de los e-maki eran los relatos históricos o los cuentos legendarios, siendo el principal exponente los Cuentos de Genji (Genji Monogatari, 1130 aprox.), de la dama Shikibu Murasaki.

En el período Kamakura (1185-1333), con el paso del poder de la nobleza a la clase samurai ó guerreros, y de la ciudad de Kyoto a Kamakura, surgen dos marcadas tendencias: el realismo y el conservadurismo. Sin embargo es de recordar que la nobleza seguía siendo la administradora de los templos y santuarios junto con su arte.

El realismo estaba dirigido a satisfacer los gustos de la clase samurai, que apreciaba lo prosaico, lo nada pretencioso, pero poderoso y viril. Éstas características se manifiestan principalmente en la escultura de la época. Las obras más destacadas de este estilo son: las dos imágenes de guardianes Nio, del maestro Unkei, en la puerta del templo Todaiji, y las esculturas de madera de dos sabios indios, Muchaku y Seshin, en Kofukuji.

El conservadurismo era la continuación del gusto artístico de la nobleza, cuyo centro cultural seguía siendo Kyoto.
En el período del Shogunato Muromachi (1333-1573), el gobierno, aún a cargo de la clase guerrera, pero de vuelta a Kyoto, acoge al budismo zen junto con su arte y la cultura de las dinastías chinas Sung (960-1279) y Yuan (1279-1368).



Paisajes de Otoño e Invierno, por el monje Sesshu.
Período Muromachi, s. XV
Set de dos rollos colgantes, tinta sobre papel (47.8 x 30.2 cm cada uno)
Museo Nacional de Tokyo
( Fuente de imagen: http://web-japan.org/museum/suiboku/suiboku01/suibok01.html )

La pintura característica de los monjes zen era el suiboku-ga, una pintura monocroma, austera, lograda con una tinta india, de la que se obtenía una imagen típicamente abstracta y sugestiva. Los temas más valorados eran los que implicaban mayor contacto con la naturaleza, es decir, las pinturas de paisajes sansui-ga. El maestro más destacado de este estilo fue el maestro Sesshu y entre sus obras más importantes se encuentran Amanohashidate-zu, Sansui Chokan (Paisaje de las cuatro estaciones), Shuto Sanshui-zu (Paisajes de otoño e invierno) y Haboku Sansui-zu (Paisajes).
 
Después de la Rebelión Onin de 1467, Japón entra en un Período de Guerras Civiles, hasta la unificación del país por Nobunaga Oda, en 1573. Luego de la estabilización política, en el Período Momoyama, el país se desarrolla industrial y económicamente. Aumenta el contacto con Occidente e ingresan tanto las armas de fuego como la cultura espiritual de la Cristiandad. La madurez de la sociedad feudal es acompañada por un mayor movimiento comercial y, por consiguiente, del surgimiento de ricos mercaderes que influyen cada vez más en las actividades culturales.

Los daimyo o señores feudales, que contaban con un mayor poder, construían castillos más sofisticados militarmente y mayores en tamaño como muestra de poder, que a menudo se transformaban en verdaderos centros de arte, ya sea por su arquitectura, sus esculturas, pinturas o jardines.
 
En la ornamentación de los palacios, la escuela Kano se destacó por su rico colorido y líneas audaces y vigorosas apreciables en la pintura shokeki-ga (pinturas de tabique), en los biombos deslizantes, las puertas de paneles de madera y en las paredes de estas construcciones. Este nuevo estilo era una combinación del color del yamato-e (pintura típica japonesa) y el estilo suiboku-ga (pintura del budismo zen). Las obras más importantes se encuentran en el castillo Azuchi, en el castillo de Osaka y el palacio Jurakudai.

Otro tipo de pintura que surge en este período es la pintura costumbrista. En un principio, en ellas se describía la vida de libertad y ocio de las gentes de la ciudad, así como el entretenimiento de los campesinos (biombo plegable Rakuchu Rakugai Zu, por Eitoku Kano), luego aparecen pintados los cortesanos que eran la expresión de atractivo y belleza física (biombo plegable Matsuura y otros), más adelante se pintaron damas jóvenes que trabajaban en casas de baños públicos y hermosas mujeres solas.
 
El famoso estilo de pintura ukiyo-e surge como una evolución de la pintura costumbrista, en el período Edo (1615-1868). Ukiyo significa mundo flotante y alude a la vida y costumbres de las masas contemporáneas; e significa pintura. El creador de este estilo fue Moronobu Hishikawa, alrededor del año 1681, un artista del pueblo llano que enalteció el valor estético de la pintura costumbrista y lo hizo un verdadero arte popular.
 
Es de notar que su valoración no se basaba en su temática popular, sino en su bajo costo, pues se imprimían con bloques de madera producidas en serie. En un comienzo eran sólo grabados en blanco y negro, luego fueron agregando el rojo y el verde hasta completar toda la gama de colores. Los temas elegidos eran las zonas de diversión, los teatros y las luchas de zumo y según su contenido se pueden clasificar en: shunga (escenas de burdeles y de amor bastante explícitas), yakusha-e (retratos de actores de teatro kabuki), Nishiki-e (grabado ukiyo-e a todo color).

La época de oro de este estilo fue a finales del siglo XVIII y algunos de los maestros más destacados fueron Kitagawa Utamaro, Toshusai Sharaku, Katsushika Hokusai, Ando Hiroshige y Utagawa Kuniyoshi. Más adelante ,con los cambios radicales del período Meiji, éste estilo pierde fuerza.



Vista de la costa de Kanagawa a través de las olas:
de las treinta y seis vistas del Mte. Fuji, por Katsushika Hokusai.
Período Edo, s. XIX - Grabado nishiki-e
Museo Nacional de Tokyo
(Fuente de imagen: http://web-japan.org/museum/eshi/khokusai/khokusai01/khokusai01.html)

Con la Revolución de Meiji, en 1868, Japón dio fin a su aislamiento y al sistema feudal, restableciendo el gobierno del Emperador como jefe nominal y abriéndose al mundo internacional como nación moderna. En el proceso de modernización del período Meiji (1868-1912) se incorporan tecnologías y conceptos de los gobierno occidentales.
 
En cuanto a la pintura, el estilo occidental es firmemente apoyado por el gobierno japonés, hasta enviando pintores a estudiar en el exterior e invitando a grandes artistas del exterior. Surgieron varios pintores modernos excelentes de estilo occidental, entre ellos, Yuichi Takahashi, Seiki Kuroda, Takeji Fujishima y Shigeru Aoki.

A su vez, y en contraposición al nuevo movimiento occidental, surgen los tradicionalistas que desean revalorizar el arte clásico japonés. Así es como se funda la Escuela de Arte de Tokyo (Tokyo Bijutsu Gakko), en 1888, como base del estilo propio japonés.
Sin embargo, aún luego de varios años de rivalidad entre lo tradicional y occidental, es de notar la gran influencia que ejercen estos dos movimientos, occidental y tradicionalista, mutuamente. Los artistas de occidente también toman elementos estilísticos japoneses y ambos enriquecen sus expresiones artísticas.

Posterior a la Segunda Guerra Mundial, el arte japonés, como todo arte viviente, continúa introduciendo nuevos elementos como el arte pop, la estructura primaria, el arte minimalista y el arte cinético, entre otros. Así es como en nuestros días el Japón parece ser una mezcla de diversas variedades culturales. Algunos dirán que nada es propio y todo es importado. Pero se ha llegado a la conclusión de que eso es lo que lo caracteriza, es decir, la audaz aceptación y asimilación de las influencias extranjeras. Los artistas japoneses, luego de tomar elementos de otras culturas encuentran su propia expresión que los hace creadores con originalidad y activos en la comunidad artística mundial.

11. La Ceremonia del Té

El té es bien apreciado en todo el mundo, pero en el Japón ha ido más allá y ha desarrollado toda una ceremonia alrededor de esta infusión, elevándolo a la categoría de arte. En ella se busca vivir un momento único y alejado del mundo cotidiano y de sus problemas. Al estudio y práctica de este arte se lo conoce como Chadô o camino del té.

Es un encuentro entre amigos. En todo momento se va desarrollando una acción que señala el estilo de vida que aspira a la simplificación de los modales, del lenguaje, y del movimiento en general. El motivo de esta reunión puede festejar una bienvenida o cualquier acontecimiento importante. Se trata de crear en todo momento un espacio a la gratificación estética y ética.
 
Se cruza una jardín de ensueño donde su camino tachonado de piedras ha sido previamente humedecido para agasajar a los invitados recordando las palabras filosóficas del Sutra del Loto. Se atraviesa la pequeña “entrada de la humanidad” y se saluda con una reverencia al espacio casi vacío de la salita del té. Rápidamente se ha hubicado el “toko-no-ma”: el “lugar de honor”. Allí un rollo colgante expresa su profundo pensamiento en una hermosa caligrafía. Un simple arreglo floral refleja el cambio de las estaciones o el paso efímero de la vida humana.
 
En el “arte del té” se cumplen las “cuatro palabras clave”. Ellas son: WA o armonía, KEI o respeto, SEI o pureza y DJAKU o calma, o tranquilidad. Además se acompañan con el concepto de escasez, restricción o autocontrol, asimetría, sencillez y refinamiento.

El té llega al Japón junto con toda la cultura del Reino del Centro: China. Los contactos los realizan los embajadores que llegan al continente y los jóvenes becarios que vana a estudiar en los monasterios budistas de la escuela Zen, en los siglos VIII y IX y en los siglos XII. Entonces se lo conocía como bebida medicinal y los monjes lo utilizaban para evitar el sueño durante sus largas horas de meditación. Las primeras reuniones del té se realizaban en grandes salones de los palacios y se exhibían importantes y valiosas obras de arte.
 
Distintas épocas se sucedieron y con ellas se produjeron los cambios. En el siglo XV vivió el maestro Murata Shuko, que es el creador de un nuevo estilo para las reuniones del té. Takeno Jo-o y Sen-no-Rikyu, en el siglo XVI, continúan esa transformación donde prevalece el pensamiento del “wabi”, “sabi”, “shibu” y “furyu”.

Se dice que Sen-no-Rikyu perfeccionó este arte dando énfasis al concepto de “wabi”, la sensibilidad estética de la simpleza y la austeridad. Él sustituyó los costosos utensilios chinos por otros más comunes del Japón y los lujosos salones por una pequeña sala de té en una cabaña cuyos pisos estaban cubiertos por los tatamis o paneles esterados. Transformó la ceremonia en una forma de vida y un medio para expresar el estilo wabi.

Desde entonces han surgido varios maestros y con el tiempo se han creado en numerosas escuelas. Entre ellas las dos principales son: Ura-senke y Omote-senke. En la Argentina contamos con una filial de la escuela Ura-senke.

Algunos términos de la Ceremonia del Té

Chadô o Sadô: camino del té; disciplina de la preparación y el ceremonial para beber el té.
Chaji: ceremonia formal y completa que incluye una comida.
Wabi: la sencillez, lo humilde.
Sabi: lo viejo, lo solitario.
Shibu: lo elegante.
Furyu: el equilibrio.
Cha:
Matchá: polvo del té molido.
Koicha: té de consistencia suave y espesa.
Usucha: té de consistencia más suave y liviano.
Temae: la preparación del té propiamente dicha.

Algunos utensilios o dôgu:
 
Natsumé: recipiente para el matchá del usucha.
Chawan: tazón para servir el té.
Chasen: batidor de bambú.
Chashaku: cucharita para servir el matchá.
Mizusashi: recipiente de agua fresca.
Chairé: potecito cerámico para contener el “matcha” del té espeso.

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